Por: Pedro R. Pierluisi
Para: El Vocero
El gobierno es esencial para nuestro bienestar general. En una sociedad civilizada y democrática como la nuestra el gobierno tiene un rol indispensable en cuanto a nuestra seguridad, nuestra educación, nuestra salud, nuestra infraestructura, nuestros recursos naturales, nuestros residentes desventajados y nuestro desarrollo socio-económico.
Como ciudadanos podemos diferir sobre la manera en que el gobierno debe intervenir en nuestras vidas y sobre la amplitud de sus programas y servicios, pero todos debemos aspirar a tener un gobierno que sea efectivo, responsivo, y diligente al atender nuestras necesidades. También debemos exigir el buen uso de los recursos que le proveemos al gobierno mediante el pago de contribuciones, impuestos, tarifas y otros cargos. Y debemos reclamar que el gobierno sea transparente y rinda cuentas regularmente en cuanto a su gestión.
Los empleados públicos son el alma del gobierno pues son los que trabajan día a día por el bien de nuestro pueblo. Su labor es crucial para el funcionamiento de las tres ramas del gobierno estatal, es decir, los tribunales, la asamblea legislativa, y todas las agencias e instrumentalidades del gobierno central. De igual manera, llevan el peso de los servicios que brindan los municipios. Estamos hablando de sobre 200 mil personas bien intencionadas y dispuestas a aportar lo mejor de sí para mejorar nuestra calidad de vida.
Por otro lado, nuestros funcionarios electos y los funcionarios que ocupan cargos de confianza en las entidades gubernamentales son los llamados a fijar y a ejecutar la política pública que rige los destinos de Puerto Rico. Y todo el que aspire y alcance un puesto electivo, así como el que asuma un puesto de alto rango en cualquier agencia o instrumentalidad pública, debe aceptar las responsabilidades y sacrificios que su cargo conlleva. Después de todo, el pueblo ha depositado su confianza en cada uno de ellos.
Integridad, honestidad, capacidad, responsabilidad, y desprendimiento son cualidades esenciales en el servicio público. La integridad es la que garantiza el comportamiento ético y moral del funcionario. La honestidad es la que lo lleva a expresarse y actuar con la verdad. La capacidad evidencia que tiene la preparación y la experiencia necesaria para el desempeño del cargo que ocupa. La responsabilidad es la que lo motiva a hacer su trabajo a cabalidad. Y el desprendimiento es el que asegura que venga a servir y no a servirse. Por ende, la efectividad de nuestro gobierno depende de su habilidad de atraer servidores con esas cualidades.
Los funcionarios electos, jefes de agencias y directores de corporaciones públicas están sujetos a un gran escrutinio público. El pueblo debe poder confiar en que cada uno de ellos goza de una buena reputación en su comunidad, que no ha cometido delitos, que ha cumplido con el pago de contribuciones y otras obligaciones con el gobierno, y que no se ha aprovechado ilegalmente de su cargo. De igual manera, el pueblo debe estar debidamente informado de sus gestiones, logros, tropiezos, y retos. A fin de cuentas, es el pueblo el dueño de los fondos y propiedades que los funcionarios públicos utilizan y administran.
Por eso, cada vez que vemos un caso de corrupción pública se lacera la confianza del pueblo en nuestras instituciones de gobierno y se empaña la labor que realizan la gran mayoría de nuestros servidores públicos.
Por eso, cada vez que los medios reportan correctamente que un funcionario público no ha cumplido con su responsabilidad se afecta el buen nombre de nuestro gobierno.
Por eso, cada vez que un funcionario público no está disponible para informar en los medios sobre sus acciones o entorpece el acceso a los documentos públicos se troncha el derecho del pueblo a estar al tanto de la gestión del gobierno.
Por eso, cada vez que la conducta de un funcionario electo no está a la altura de su cargo se mancha la imagen de nuestro pueblo.
Por eso, más allá de líneas partidistas, la meta colectiva debe ser propiciar que tengamos un buen gobierno.
Servir en una posición electiva o dirigir una agencia o entidad gubernamental es un honor, pero también conlleva una gran responsabilidad. Es un honor porque refleja que el pueblo o la autoridad nominadora entiende que el funcionario posee las cualidades necesarias para ejercer el cargo. Pero también es una gran responsabilidad ya que el pueblo tiene cifradas sus esperanzas en la labor del funcionario. El honor más grande para todos los que estamos en posiciones de alto rango en el gobierno debe ser el saber que hemos dado el máximo dentro de nuestras capacidades. Y la mayor responsabilidad de cada uno de nosotros es el reconocer que nos debemos al pueblo. De eso es que se trata la función pública.
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