viernes, 19 de agosto de 2011

El Gobernador y yo - Columna para El Vocero


El Gobernador Luis Fortuño y yo somos compañeros en la lucha por llevar a Puerto Rico al progreso y lograr una mejor calidad de vida para nuestra gente. Nuestro compromiso con el pueblo puertorriqueño ha estrechado nuestros lazos de amistad que datan desde la niñez y que nos han llevado por caminos similares en nuestras vidas.

Tenemos casi la misma edad, aunque yo le llevo un poco más de un año. Venimos de familias sumamente unidas cuyos padres tienen más de cincuenta años de casados. Nuestra crianza fue enmarcada por los valores cristianos que nos inculcaron nuestros padres y que fueron fortalecidos educativamente en un colegio católico dirigido por hermanos españoles.

Fortuño y yo cursamos nuestros estudios universitarios en los Estados Unidos, y obtuvimos nuestros grados de derecho en la capital federal, donde hicimos internados con funcionarios del gobierno de Puerto Rico en la década de los 80. Fortuño trabajó en la Oficina de Asuntos Federales de Puerto Rico durante la gobernación de Carlos Romero Barceló y yo en la Oficina del Comisionado Residente Baltasar Corrada del Río. Curiosamente, mi padre y el Ing. Raúl Fortuño (qepd), pariente del Gobernador, fueron socios por muchos años en una compañía de construcción llamada Fortuño y Pierluisi.

Ambos estamos felizmente casados y tenemos familias que nos llenan de mucho orgullo, el Gobernador con sus trillizos que ya son universitarios y yo con cuatro hijos adultos. En ésta le llevo la delantera pues ya tres de mis hijos terminaron sus bachilleratos, dos cursan estudios de derecho y el mayor es todo un profesional casado con un hijo. ¡Sí, yo ya soy abuelo, y a Fortuño también le llegará su turno para serlo!

Luego de nuestros estudios, y en mi caso luego de laborar por varios años en Washington, regresamos a Puerto Rico para establecernos aquí permanentemente con nuestras familias. El destino nos unió como compañeros de gabinete durante el primer cuatrienio del Gobernador Pedro Rosselló, tras lo cual regresamos a la práctica privada de la abogacía. Fortuño fue el primero de los dos que incursionó en el ámbito político cuando fue llamado a aspirar a la Comisaría Residente en las elecciones del 2004, y fue él quien me pidió que le acompañara en la papeleta del 2008. Fortuño, mejor que nadie, sabe que compartimos un profundo compromiso con un mejor Puerto Rico para todos y una pasión porque nuestra gente logre la igualdad bajo la bandera de los Estados Unidos.



Pero no hay duda de que Fortuño y yo no somos iguales, y eso es bueno para Puerto Rico. Aunque nuestros trasfondos son muy similares, no es menos cierto que nos diferenciamos en aspectos importantes que complementan el trabajo que hacemos por nuestro pueblo tanto aquí en la isla como en Washington.

El Gobernador se distingue por su ecuanimidad y personalidad reservada mientras yo soy más extrovertido y espontáneo. Fortuño es muy disciplinado y metódico mientras yo ocasionalmente me guío por mi instinto. Aunque ambos hacemos ejercicio regularmente, él cuida mucho su dieta mientras a mí me cuesta privarme de todas las delicias puertorriqueñas.

También hay contrastes en nuestras respectivas visiones políticas. Fortuño es el líder de los republicanos en Puerto Rico y es reconocido nacionalmente por sus posiciones conservadoras en asuntos fiscales y económicos. Yo soy el funcionario electo demócrata de mayor rango en la Isla y pertenezco al grupo de alrededor de 50 congresistas demócratas—los llamados “New Democrats”-- que queremos incentivar el desarrollo del sector privado y también somos conservadores en el aspecto fiscal. Mientras Fortuño es el mejor aliado del tercer sector a la hora de atender las necesidades de nuestra población, y yo soy un defensor de los programas de beneficencia social del gobierno. Pero la causa mayor que nos une es el ideal de la estadidad para Puerto Rico.

En algunas ocasiones me he expresado contrario a acciones de nuestra administración o he diferido con el Gobernador. Sin embargo, el respeto que existe entre nosotros permite esas diferencias y hasta se nutre de ellas. Nuestra relación es prueba de que personas con visiones diferentes pero con un mismo norte pueden convivir en Puerto Rico y trabajar juntos para el bien colectivo de esta bella isla. Lo que a veces pueden parecer incongruencias son muestras de que todas las ideas pueden servir en la lucha por mejorar nuestra calidad de vida.

Y es por eso que muchos están convencidos de que el Gobernador y yo somos la dupleta ganadora.

Pedro R. Pierluisi
Comisionado Residente en Washington


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