Por: Pedro R. Pierluisi - Comisionado Residente
Para: El Vocero
A un año y cuatro meses de las próximas elecciones dos de los tres partidos políticos inscritos en Puerto Rico ya tienen sus candidatos a la gobernación y ha comenzado a debatirse públicamente lo que estará en juego en la contienda electoral que se avecina.
Los primeros diez años de este siglo se han considerado como la década perdida en Puerto Rico. Durante ese tiempo tuvimos dos administraciones del Partido Popular Democrático y nuestra economía se desplomó, la deuda pública se duplicó, el crédito del gobierno se dañó y cientos de miles de buenos puertorriqueños se fueron de la isla. Pero luego de dos años y medio de gestión gubernamental bajo el Partido Nuevo Progresista nuestra economía está encaminada al progreso, la deuda pública no ha aumentado significativamente y se ha restablecido el buen crédito de nuestro gobierno.
Por otro lado, en lo que va de este cuatrienio hemos logrado el aumento en fondos federales más grande en nuestra historia. Mientras el presupuesto del gobierno central es de aproximadamente $9 mil millones, nuestras agencias reciben alrededor de $6 mil millones adicionales en fondos federales. Más aún, fuimos incluidos en el programa de estímulo económico federal, obteniendo otra inyección de $7 mil millones cuando más la necesitábamos. Y como resultado de nuestros reclamos, en los próximos años se triplicará la cantidad de fondos federales que recibimos para la salud de nuestro pueblo.
La administración actual también se ha distinguido en no poner todos los huevos en una sola canasta a la hora de lidiar con las autoridades en Washington. Mientras el gobernador es el funcionario electo de mayor rango en la isla que está identificado con el Partido Republicano, el comisionado residente tiene el mismo rol con el Partido Demócrata. Esa combinación ha causado que los intereses de nuestro pueblo estén más que protegidos en todas las esferas del gobierno federal.
Si algo hemos visto en los últimos años es que gobernar a Puerto Rico es una tarea altamente compleja y difícil, por lo que cualquiera que aspire a esa posición no sólo debe ser íntegro y honesto, sino también debe ser inteligente, competente y experimentado.
Hemos tenido gobernadores con trasfondos variados, desde un ingeniero y precursor del bipartidismo en la isla, un ex-secretario de justicia y presidente del senado, dos ex-alcaldes de San Juan, un reconocido cirujano y ex-director médico municipal, un pasado legislador y comisionado residente, hasta un ex-secretario de desarrollo económico y comisionado residente.
Elegir a un gobernador no es cuestión de darle la oportunidad a alguien para ver si funciona. Ese no es el momento de asumir riesgos. Por el contrario, ahora más que nunca tenemos que irnos a la segura.
Nosotros ya tenemos a un gobernador que nos lleva por buen camino. Si repasamos algunos de sus logros es fácil darnos cuenta de que no podemos ponerlos en peligro.
- Se enfrentó al déficit más grande de nuestra historia y nos encaminó a eliminarlo por completo.
- Recibió el crédito de Puerto Rico al borde de la chatarra y lo mejoró hasta su nivel más alto en décadas.
- Heredó una administración plagada de cuentas sin pagar y cuadró la caja, cumpliendo con las obligaciones del estado y reponiendo la credibilidad de nuestro gobierno.
- Nos dio los alivios contributivos más abarcadores que hemos tenido.
- Tomó un Departamento de Educación en probatoria y ya recibió un voto de confianza del gobierno federal.
- Les dio prioridad a nuestros niños y comenzó la remodelación de 100 escuelas para ponerlas a la altura de los tiempos.
- Creó un nuevo programa de salud y vamos camino a lograr la meta de que todos tengan un plan médico adecuado.
- Batalló un alza significativa en los costos energéticos y está propulsando la Vía Verde e iniciativas de energía renovable para bajar el costo de la luz y proteger nuestro ambiente.
- Encontró una infraestructura abandonada y está llevando a cabo mejoras y nuevos desarrollos de sistemas de alcantarillado, alumbrado y carreteras en beneficio de nuestra calidad de vida.
Pero queda mucho por hacer y uno no cambia al jockey a mitad de carrera. Puerto Rico necesita estabilidad en su gestión pública. Ocho años es un término razonable para realizar una buena obra de gobierno.
Yo sé que todos queremos que nuestra economía esté boyante y que no tengamos tanta criminalidad. También sé que todos queremos que nuestros jóvenes tengan una educación de excelencia y que nuestro sistema de salud y nuestra infraestructura sean modelos para el resto del mundo. Pero estas metas no se alcanzan de la noche a la mañana.
Ha requerido mucho tesón, esfuerzo y sacrificio enderezar el rumbo equivocado que llevaba Puerto Rico. No echemos para atrás ni para coger impulso. Cuatro años más de un gobierno progresista bajo el mando de Luis Fortuño va a ser lo mejor para Puerto Rico.
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