sábado, 5 de marzo de 2011

Puerto Rico: ejemplo de democracia

Puerto Rico tiene un historial democrático que es la envidia de la gran mayoría de los países del mundo.  Nuestra constitución es de avanzada y nuestra relación con los Estados Unidos nos asegura los derechos democráticos que tanto atesoramos.

El respeto y valor que tenemos por nuestro sistema democrático se demuestra cada cuatro años cuando salimos a votar en masa.  En promedio, el 80% de los votantes elegibles en la isla dan cátedra de democracia en nuestras elecciones libres.  Observadores internacionales vienen a Puerto Rico con frecuencia y elogian nuestro sistema electoral.  La Comisión Estatal de Elecciones cuenta con gran credibilidad, tanto en Puerto Rico como en la comunidad internacional, por la confiabilidad de su escrutinio y de sus procedimientos. 

Por otro lado, los derechos civiles de nuestros ciudadanos están más que protegidos.  Las dos constituciones que aplican en nuestra isla, la de los Estados Unidos de América y la de Puerto Rico, se basan en la defensa de los derechos que deben cobijar a todos los seres humanos.   Entre otros derechos fundamentales, las libertades de expresión, de prensa, de asociación y de culto están plenamente garantizadas en Puerto Rico. 

Pero aún más importante es el hecho de que las disposiciones en las dos constituciones que nos protegen no son letra muerta.  Los departamentos de justicia de Puerto Rico y de los Estados Unidos tienen divisiones que atienden específicamente casos de violaciones de derechos civiles.  A su vez, desde el 1965 Puerto Rico cuenta con la Comisión de Derechos Civiles que como organismo público se dedica a promover y a educar al pueblo “en cuanto a la significación de los derechos fundamentales de las personas y los medios de respetarlos, protegerlos y enaltecerlos”.  Y en la esfera federal existe su contraparte, la Comisión de los Derechos Civiles de los Estados Unidos, la cual sirve al público como una agencia independiente desde el 1957.

De igual forma, nuestro sistema judicial es dual, ya que los puertorriqueños pueden hacer valer sus derechos y cuestionar las leyes, reglamentos o acciones de su gobierno tanto en las cortes estatales como en las federales.  La mayoría de las reclamaciones de daños y perjuicios por violaciones de derechos civiles se amparan en la Sección 1983 del Título 42 del Código de las Leyes de los Estados Unidos que prohíbe todo tipo de discrimen o la privación de los  derechos garantizados constitucionalmente.  Esta sección cubre a Puerto Rico en igualdad de condiciones que a los estados de la nación americana.

Cada uno de los dos foros judiciales que tenemos a nuestra disposición le brinda al ciudadano la oportunidad de recurrir por derecho al tribunal y de apelar su sentencia si ésta no llena sus expectativas.  Aunque cualquiera de nosotros pudiera estar en desacuerdo con el resultado de cualquier proceso judicial, ninguno de nosotros puede negar que en Puerto Rico nos asiste el debido proceso.  Por regla general, cuando no prevalecemos en nuestros planteamientos ante los tribunales es porque nuestra acción o petición no tiene mérito. 

Al mismo tiempo, Puerto Rico goza de una prensa libre y vibrante.  La amplia cobertura que reciben en nuestros medios de comunicación todos los eventos noticiosos en nuestro entorno conlleva que a la prensa se le considere como el cuarto poder de nuestro sistema de gobierno.  Numerosos medios reportan los acontecimientos en la isla sin limitaciones ni mordazas.  De esta manera, nuestro pueblo se mantiene informado y recibe un análisis de nuestra realidad desde diversos puntos de vista.

Pero como todo en la vida, nada es perfecto.  Pueden surgir incidentes aislados y situaciones lamentables en las que fallemos como pueblo.  Y la verdad es que a veces podemos confundir la libertad con el libertinaje, ya que la libertad de uno no puede ser la privación del derecho de otro. 

Sin embargo, decir que en nuestra isla existe una crisis de derechos civiles es una falsedad, pues aquí todo ciudadano puede exigir y conseguir que se le respeten esos derechos.  Decir que Puerto Rico se asemeja a un país dictatorial es un insulto a nuestra gente, a su gobierno elegido libremente, y sobre todo, a los seres humanos que viven bajo abuso y represión real.  Sea quien sea el que diga eso no conoce la realidad de Puerto Rico o tiene una agenda política o ideológica. 

Al contrario, todos los puertorriqueños nos debemos sentir orgullosos de nuestra democracia.  Nuestras elecciones siempre son representativas del sentir de nuestro pueblo.  Tenemos no una, sino dos constituciones y no uno sino dos sistemas legales que definen y protegen nuestros derechos.  Y contamos con una prensa fiscalizadora que le permite al pueblo evaluar la gestión de su gobierno.

Puerto Rico es un ejemplo de democracia.

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